Introducción
La paleontología (ciencia que estudia los animales fósiles) avanza a una excitante velocidad. Los descubrimientos se hacen con tal rapidez que antes de que este libro se publique, el número de nuevos hallazgos y avances en la comprensión del tema será abrumador. Cada semana se descubre algo nuevo, ya sea un esqueleto que constituye una rama totalmente nueva del árbol evolutivo o ya algún indicio de vida a partir de nuevos hallazgos de huellas o de restos de alimentación. El análisis microscópico de los excrementos fósiles aporta información sobre lo que comían los animales extinguidos y las huellas nos informan sobre su modo de vida.
Los fósiles que se han encontrado en mayor cantidad, y con gran diferencia, son los de los invertebrados marinos. Es fácil entender por qué los fósiles se encuentran en rocas sedimentarias y la mayoría de estas rocas se forman a partir de sedimentos depositados en el fondo del mar, de forma que los animales que vivían en dicho fondo tenían más probabilidades de quedar enterrados allí. Además, hay muchas más especies de invertebrados que de vertebrados, y el cuerpo de los animales terrestres tiende a ser pasto de los organismos descomponedores antes de tener la oportunidad de quedar enterrado.
Nuestro conocimiento de los animales terrestres está sesgado hacia los que vivían a orillas de ríos, lagos o lagunas, o en desiertos, lugares todos ellos donde era más probable que su cuerpo quedara rápidamente enterrado y se fosilizara. Aún no tenemos evidencias directas de los animales que vivían en montañas, selvas de altura u otros lugares alejados de los de entretenimiento rápido.
El ámbito de este libro abarca los tetrápodos fósiles. Tetrápodo significa literalmente “de cuatro pies”, pero para los zoólogos y paleontólogos tiene un significado más técnico. Avarca todos los vertebrados excepto los que consideramos como peces, desde los más primitivos anfibios hasta todo lo que ha evolucionado a partir de ellos: los distintos reptiles primitivos tipo lagarto o tipo mamífero, los dinosaurios y sus contemporáneos reptilianos marinos y aéreos, y la gran diversidad de aves y mamíferos que les sucedieron, incluidos nosotros mismos. Aunque las aves sólo tienen dos patas y un par de alas, y las serpientes carecen de patas, todos estos animales tienen antecesores de cuatro pies y son por tanto tetrápodos.
La mayoría de tetrápodos son animales terrestres y por consiguiente rara vez se fosilizan o al menos se fosilizan con menor frecuencia que los invertebrados marinos. A veces tenemos suerte y encontramos esqueletos completos de animales que quedaron súbitamente enterrados en tormentas de arena, o que quedaron conservados en sedimentos estériles o en fondos lacustres venenosos. Más a menudo, sin embargo, los huesos se encuentran rotos y esparcidos y hacer falta muchos análisis y una gran capacidad de interpretación para averiguar qué aspecto tenía el animal.
La introducción ofrece una perspectiva general del mundo primigenio y describe las áreas de investigación clave que han ayudado a los paleontólogos a pintar el cuadro de cómo era el mundo en épocas muy antiguas. Por las evidencias fósiles podemos saber con certeza muchos aspectos de cómo vivían los animales qué comían, si vivían en grupos, cuáles eran sus vínculos familiares y qué aspecto tenía el paisaje.
La segunda sección del libro es una enciclopedia de los grupos más representativos de tetrápodos fósiles. Las 1000 fichas están ordenadas cronológicamente desde el Paleozoico superior, cuando los vertebrados empezaron a salir del agua y a vivir en tierra, pasando por el Mesozoico o Era de los Dinosaurios, y el Terciario o era en que los mamíferos se extendieron por todo el mundo, hasta el Cuaternario, que abarca las glaciaciones y el brevísimo tiempo geológico actual.
En cada ficha se dan fascinantes informaciones sobre el animal, junto con una concisa descripción de sus rasgos característicos. En un recuadro encabezado por el mapa que indica donde se encontraron sus fósiles, se incluyen algunos datos técnicos, como la época en que vivió el animal, sus dimensiones y su descriptor. Cada ficha se ilustra con una bonita acuarela que muestra el aspecto que según los científicos tenían el animal. Dicho aspecto se basa en la evidencia científica disponible, así como el estudio de animales emparentados, para restaurar así lo mejor posible el animal vivo. La textura y el color de la piel son muy a menudo suposiciones.
En ciencia los animales se conocen por su nombre científico o binomial. El nombre científico de los humanos, por ejemplo, es Homo sapiens, siendo Homo el nombre del género y sapiens el de la especie. Los nombres científicos suelen derivar del latín o del griego clásico y siempre van en cursiva y con la primera letra del género en mayúscula. Para los dinosaurios es costumbre utilizar tan sólo el nombre del género en los textos de divulgación. Tyrannosaurus rex, sin embargo, es tan evocador que a menudo se utiliza también el de especie. Una vez ha aparecido el nombre del género, puede aludirse a él con su inicial, junto con el nombre específico, como T. rex. Muchos géneros de dinosaurios (y de muchos otros grupos) comprenden varias especies.
Para todos los que se interesen por la vida prehistórica, este libro detallado y lleno de color presenta animales que nunca se habían ilustrado antes. (Dixon, 2019, pp. 6-7)